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lunes, 5 de mayo de 2014

Un Proyecto Memorable.

¡Muy interesante esto de volver atrás y recordar de donde pudo haber surgido mi interés hacia el ABP!. Pues bien, entre todos esos recuerdo os voy a contar un proyecto que realizamos un montón de artistas hace mas de quince años en un pequeñísimo pueblo de las inmediaciones de Cuenca llamado Palomera. Los vecinos nos cedieron para ese encuentro una explanada campestre interrumpida por una enorme pared de roca caliza, que contaba hasta con una pequeña cueva donde, por cierto, un pastor nos estuvo contando viejas historias sobre apariciones y celebración de extraños rituales mágicos.
La propuesta estaba orientada a intervenir ese espacio natural con obras o acciones artísticas de cualquier formato, creadas específicamente para ese lugar. Deshacernos de las cuatro paredes de la sala de exposiciones, hablar sobre nuestra relación física en un medio incómodo, conciliar por un día nuestro ser urbanita e intentar desarrollarlo allí, apoyándonos en los elementos campestres (troncos, piedras, vegetación, roca, montículos,...) sin renunciar a nuestra identidad. No se trataba de cambiar nuestros intereses habituales por el hecho de cambiar de ubicación sino de reconocer cómo somos nosotros, cómo es el medio natural e intentar permanecer un día juntos.


Me enternece recordar cómo construimos en el taller mi amiga Ana y yo unos pendientes de gitana de quince metros de largo, color naranja fluorescente, para colgar a ambos lados de la cueva, criticando la domesticación de la naturaleza y la cultura de consumo; cómo el día antes nos descolgamos al vacío para taladrar los anclajes de la estructura mientras los demás instalaban sus propias intervenciones en la explanada. Se iniciaba la primavera, meses atrás visitábamos una y otra vez ese lugar a diferentes horas del día durante un breve tiempo, analizábamos el espacio para elegir la orientación adecuada, los materiales, observábamos el efecto de los cambios estacionales en la roca por temas de seguridad, realizábamos innumerables fotografías que revelábamos en casa esa misma noche, comprobábamos la viabilidad y valorábamos el impacto ambiental que nuestra intervención podía causar,... por no hablar de los malabares con nuestro ajustadísimo presupuesto. Ni que decir tiene que el día después de la exhibición todo quedó recogido y limpio, los paisanos nos dedicaron amables palabras de agradecimiento, conscientes ambas partes de nuestras diferencias en cuanto a intereses artísticos.

 En los estudios que yo realicé estábamos acostumbrados a trabajar por proyectos en las materias prácticas. Surgía una propuesta del tema por parte del profesor o profesora, que exponía como ejemplo imágenes relacionadas del trabajo de otros artistas, proporcionaba multitud de argumentos, de textos tanto de estética como literarios, continuos momentos de reflexión que surgían espontáneamente durante el trabajo, lectura por las noches,... todo el día metabolizando la idea, y así entre unos y otros conseguían sumergirte en un estado de dedicación vivencial muy propicio para que surgieran las primeras ideas descabelladas (tan valiosas, anotadas en un papel cualquiera) que favorecía que pudiéramos ir puliendo el sentido de nuestra obra poco a poco. Análisis auto-crítico intenso, exigencia como forma de vida y finalmente exposición verbal de la obra delante de todo el grupo, defendiendo tu trabajo visual frente a comentarios muy exigentes tanto del profesor como de compañeros o visitantes a esa sesión,  dada la intensidad que todos los allí presentes habíamos dedicado a ese tema inicial que nuestro instructor, tan pícaramente, había elegido para nosotros.

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